Frederick, el vampiro:

 

 

INGLATERRA, 1550...

 

Atado como estaba de pies a manos y con los ojos vendados, podía oír los espantosos gritos de su familia, desde el interior de la rustica vivienda.

Una mano huesuda y de tacto muy frío se poso en su hombro. El muchacho se estremeció y comenzó a suplicar piedad.

-¡Por favor! ¡Por lo que más quiera! ¡N-No me haga daño!- dijo, en medio de sollozos.

-Shhhh. No digas nada- le susurro bien cerca del oído una voz chillona.

A continuación, el sujeto le saco la venda y le permitió ver aquel terrible espectáculo...

-Oh Dios, oh, Dios, oh Dios- comenzó a repetir, al ver los cadáveres de su padre, su madre y de su hermano menor desparramados en la puerta de la casa, totalmente secos de sangre.

Cerca de ellos, cuatro figuras lo contemplaban sonriéndole sardónicamente. Sus rostros eran terriblemente monstruosos, pero al muchacho no le costo reconocer a aquellas criaturas a la perfección al ver brillar sus filosos colmillos a la luz de la luna como vampiros.

-Bien... ¿y ahora que haremos contigo?- pregunto el “hombre” de pie a su lado, el que le saco la venda.

Al echarle una mirada, el joven pudo contemplar que al igual que los otros se trataba de un vampiro, salvo que su aspecto era muy, muy diferente...

Era calvo y arrugado, con unos dedos largos y finos. Sin duda, era el líder.

-Matémoslo, Maestro- sugirió uno de los vampiros- Si quiere, ya mismo lo despacho...

-¡No! ¡Nada de eso! ¡No quiero que ninguno de ustedes lo toque!- ordeno el Maestro. A continuación, se volvió hacia el joven y acariciándole el rostro, le pregunto cual era su nombre.

-Frederick- murmuro el muchacho, en total estado de shock.

-Es un nombre muy bonito... y tú también lo eres.

El Maestro paso su mano por el largo y sedoso cabello negro del chico.

-Si... tú no debes morir- dijo- Me servirás muy bien...

Frederick sonrió estúpidamente. Había perdido la razón.

Cuando el Maestro le hundió fuertemente los colmillos en su cuello, ni siquiera lo noto. Es más, siguió sonriendo...

 

Tres noches después, Frederick despertó.... solo que en el interior de su ataúd, varios metros bajo tierra.

Sintiéndose poseedor de una fuerza descomunal rompió la madera del cajón y se abrió paso dificultosamente hasta el exterior, emergiendo en la superficie.

Se hallo en un cementerio, repleto de lapidas desvencijadas y derruidas, en la más oscura de las noches. A solo un paso de él, una figura conocida lo esperaba pacientemente.

-Veo que ya has salido- dijo el Maestro, sonriendo levemente.

Frederick lo recordaba. Vagamente, pero lo recordaba. Sin embargo, por alguna extraña razón, le costaba pensar con claridad.

Sentía frío... y hambre. Mucha hambre...

El Maestro se le acerco. Le puso una mano en el hombro y lo miro largo y tendido.

-¿Te sientes con fuerzas como para alimentarte?

El chico tardo en comprender sus palabras, pero finalmente lo hizo. Sabía que ya no era más humano.

-Si.

El viejo vampiro le señalo a una figura que se acercaba por un sendero, antorcha encendida en mano.

-Esa es tú primera victima.

Encaminándose con pasos decididos, el joven vampiro se dirigió hacia el sujeto recién llegado. Se trataba de un enterrador, quien al ver aparecer a aquel muchacho entre las tinieblas reinantes en la zona, se estremeció de pavor.

-¿Quién demonios eres tú?

Sin decir una palabra, Frederick cambio su rostro y revelo su cara demoníaca, mientras que con las fauces abiertas se arrojaba sobre el pobre tipo. El enterrador protesto, grito y se revolvió, pero gracias a su fuerza sobrehumana, el vampiro pudo contenerlo mientras le clavaba los colmillos en el cuello, mordiendo y comenzando a sorber con avidez.

Un rato después había terminado. El cuerpo del enterrador quedo derribado en el sucio suelo, exangüe. Secándose la boca con la mano miro al Maestro, quien de pie a un costado contemplo toda la escena con interés.

-Muy bien echo- lo felicito- Has atacado perfectamente. No le diste chances de poder escapar...

-Quiero más.

El Maestro rió.

-¡Vaya! Creo que por esta noche ya es suficiente...

-Dije que quiero más- insistió.

El viejo vampiro se quedo en silencio, mirándolo.

-De acuerdo. Cerca de aquí hay un Orfanato... ¿qué te parece?

-Me encanta- dijo y sonrió malignamente.

-Ese es mi chico.

 

************

 

VIRGINIA, 1609...

 

Aquel vagabundo había estado exquisito. Terminando de alimentarse, Frederick arrojo su pesado e inerme cuerpo al río y limpiándose su traje, se dedico a regresar rápidamente a la guarida del Maestro.

El sol saldría en cuestión de minutos y no era bueno que un vampiro anduviera hasta tan tarde fuera.

 

“Recuerda que el sol puede matarte”, recordó decir a su Señor, “Jamás te debes alejar demasiado de la guarida. Si un solo rayo del sol te toca, arderás como una pira”.

 

-“Bueno, eso no me va a suceder a mi”- pensó y echo una carcajada.

A aquellas horas tan tempranas, todavía no se veía ni un alma por las lodosas calles de la ciudad. Apurando el paso, Frederick tomo un desvió por un callejón...

 

...Y allí fue cuando la vio...

 

Venia doblando una esquina, con su largo y precioso vestido. Sus cabellos rubios ondulaban lentamente movidos por la brisa de la mañana.

Estaba claro que se trataba de una prostituta. Bobamente, Frederick siguió mirándola largamente hasta que la chica desapareció de su vista, perdiéndose en una de las tantas calles cercanas.

El vampiro estaba totalmente embelesado por su belleza. Era la chica más hermosa que hasta la fecha hubo visto.

Un destello en el horizonte lo despertó de sus ensueños. ¡El sol estaba saliendo!

-¡Rayos!- dijo y se largo a la carrera.

 

-¿¿¿Se puede saber donde demonios estabas???- exclamó enfurecido el Maestro, al verlo llegar a la guarida (enclavada en un sótano de una casa abandonada).

-Siento llegar tarde. Me entretuve con un vagabundo...

-¡Sabes que no hay excusas! ¿Has olvidado lo que te dije del sol? ¡No seas cabeza dura!

-¡Ya dije que lo siento! Además, he visto algo realmente interesante...

A pesar de que el Maestro estaba furioso, logro armarse de paciencia para con su pupilo y le pregunto a que se refería con eso.

-He visto a una preciosura caminando por la calle... ¡Por todos los demonios, ojalá pudiera haberla visto usted, Maestro! Era la cosa más... perfecta que jamás pensé que podría existir.

Las palabras de Frederick eran tales, que el viejo vampiro se sintió contagiado de su entusiasmo. Rascándose la barbilla, comenzó a sentir curiosidad...

 

Días más tarde, Frederick esperaba en el pasillo de una casa.

Podía oír a varias personas murmurar del otro lado en la habitación contigua. Una de las voces era muy conocida por él.

 

-“Ojalá se apure”- pensó, caminado de un lado a otro, nervioso.

 

Finalmente, una puerta se abrió y un sujeto ataviado con un capote y una capucha salió a su encuentro.

-¿Todo... salió bien?- pregunto.

-Perfecto- dijo el Maestro, descorriendo levemente la capucha.

Frederick echo una mirada al interior del cuarto donde el Maestro estuvo minutos antes. Una mujer de cabellos rubios descansaba apaciblemente muerta sobre una amplia cama.

-Solo tendremos que esperar hasta dentro de tres días, nada más- el Maestro le alcanzo un traje similar al suyo al joven- Vamos... salgamos de aquí.

Poniéndose el traje, los dos salieron al exterior, donde el sol de la tarde se derramaba tranquilamente sobre la ciudad.

 

************

 

-Realmente, fue una cena sabrosa- exclamo Darla, dejando caer a la sirvienta en el piso de madera, seca de sangre.

-¡Te dije que no hagas eso!- se quejo Frederick, colocándose una camisa y levantándose de la cama- ¡Se darán cuenta de su desaparición! ¡Mandaran gente a buscarla!

-¿Y?

-¿Cómo que “y”? ¿Quieres acaso que una multitud furiosa te queme en la plaza mayor? ¡Tienes que ser más astuta, Darla!

Despreocupada, la vampiresa le dedico una mirada maliciosa y a continuación, arrastro el cuerpo sin vida de la sirvienta hasta el interior de un armario, en donde lo metió de un empujón.

-Para cuando se den cuenta de su desaparición, querido, nosotros dos vamos a estar bien lejos de esta posada de cuarta.

Frederick no pudo evitar sonreír. ¡Demonios! Le gustaba mucho Darla y sin duda, prueba de ello era la cama de cobijas desarregladas, a espaldas de ambos.

Acercándose a ella, la tomo de la cintura y la beso apasionadamente en los labios. Todavía podía sentir en ellos el sabor de la sangre fresca recién consumida.

-Eres increíblemente diabólica- susurro el joven.

-Y tu eres increíblemente guapo- contesto ella, volviéndolo a besar.

 

Sentado en una silla, delante de una gran mesa redonda e iluminado por unas velas, el Maestro observo silenciosamente entrar en la sala a los dos vampiros.

Ambos venían hablando ruidosamente y riendo, sin darse cuenta de su presencia, hasta que él les dirigió la palabra...

-¿Pasaron una buena noche?

Silencio. Los dos estaban sorprendidos.

-Pregunte si pasaron una buena noche...

-Maestro, yo...- comenzó Frederick, pero a una seña de éste, enmudeció.

-Ciertamente, debo decir que su conducta deja mucho que desear...

Darla bufo, molesta.

-¿No será acaso que estas celoso?

-¡Darla!

Frederick se quedo helado. Hasta el día de hoy, ningún vampiro hubo osado siquiera hablarle al Maestro en ese tono.

-¡Cuida tú lenguaje, jovencita, o desearas no haber nacido!- la reprendió el Maestro- ¡Vives gracias a mi! ¡De no haber sido por mí, de seguro habrías muerto de sífilis en aquella cama, como una vulgar prostituta cualquiera!

Darla se quedo muda. Era verdad. Dolida, bajo la vista.

-Te perdonare... al menos, de momento- continuo el Maestro- En cuanto a ti, Frederick... No quiero que vuelvas a juntarte con ella, ¿entiendes?

-¡Pero Maestro!

-¡Nada de pero! ¡No quiero que vuelvas a estar con ella! ¿Me entiendes? ¡Es una orden! Si la desobedeces...

-Eso no sucederá. Puede contar con ello, Señor- Frederick también bajo la vista.

-Muy bien.

 

************

 

1760, EN ALGUN LUGAR BAJO TIERRA, EN UNAS ALCANTARILLAS...

 

De pie en un rincón, Frederick escucho toda la charla, totalmente consternado.

Darla, junto a Ángelus, se mofaron del Maestro y a continuación, partieron juntos. Supuestamente, para “vivir” la vida eterna al máximo.

Sumido en silencio, con las manos entrelazadas, el viejo vampiro pareció sumergirse en una profunda meditación.

-Maestro... ¿se encuentra usted bien?- le pregunto, una vez que ambos se quedaron solos.

No respondió. Frederick dudo y finalmente, coloco trémulamente su mano sobre el hombro del anciano.

-Darla... mi Darla- susurro el viejo, sin mirarlo- ¿Por qué te fuiste? ¿Qué tiene él que no tenga yo?

-Maestro.

Silencio.

El rostro del joven se endureció. Rápidamente, salió de la habitación.

 

-¿Estas seguro de que estos caballos son los más rápidos que existen?- pregunto Darla a Ángelus, mientras ambos estaban en el interior de un establo.

-Claro que si. Bueno, eso fue lo que aseguro aquel tipo tirado ahí- señalo a un cadáver medio escondido entre el heno.

-No veo la hora de llegar a Paris. Dicen que los parisinos tienen buen sabor...

-Siempre con tus gustos delicados, querida.

De repente, la puerta del establo se abrió. Frederick (con su rostro de vampiro) penetro en el lugar, furioso.

-¿¡Se puede saber adonde demonios piensan ir ustedes dos!?- los increpo.

-Pero miren nada más quien esta aquí. El “niño” prodigo del Maestro- comento burlonamente Ángelus.

-¡Cierra tu boca, ridículo! ¡Si vuelves a hablarme así...!

-¿Qué? ¿Me vas a matar, acaso?- Ángelus rió a carcajadas.

Frederick no lo soporto más y arremetió contra él. De un solo golpe, tumbo contra el suelo a un desprevenido Ángelus.

-¡Epa! Ese fue un buen golpe, pero ¿sabes una cosa...?- Ángelus se puso de pie y transformo su rostro- ¡He recibido mejores de mis victimas!

Ambos vampiros se trenzaron en una feroz pelea. Se propinaron golpes y patadas hasta que Darla los detuvo...

-¡Suficiente! ¡Basta!- dijo, colocándose entre los dos.

Jadeando, los vampiros se miraron. De sus ojos salía odio en su estado más puro.

-Tienes suerte de que ella se interpuso. Si no, te hubiera cortado la lengua- desafió Ángelus.

-¡Maldito hijo de...!

-¡¡Basta!!- grito la vampiresa- ¡Déjense ya de payasadas!- se volvió hacia Frederick- Si vienes a detenerme, puedes volverte por donde viniste... he tomado mi decisión.

-¡Pero Darla, no puedes irte con semejante ridículo!

-Puedo y lo haré. No soportaría pasar un año más en aquel lugar... junto con el Maestro. Me voy, Frederick, y si eres inteligente, harás lo mismo.

-¡Jamás!

-Claro que no lo hará... él y el Maestro son novios, ¿o me equivoco?- se burlo Ángelus- ¿No fue por su linda cara que lo eligió para convertirlo? Dime una cosa  Frederick, ¿de verdad te gusta ese viejo?

-¡¡Vete al Diablo!!

Riendo, Ángelus ensillo a uno de los caballos. Ayudo a Darla a montar y luego, él hizo lo mismo con otro.

-Yo que tú comenzaría a buscar como independizarme- dijo Ángelus, mientras tomaba las riendas- Unos cuantos años más al lado de esa momia y de seguro ya no podrás ni siquiera respirar sin que él te lo ordene.

Siempre riendo, el vampiro se alejo al galope.

-Darla, no te vayas- murmuro a la vampiresa.

-Lo siento cariño, ¿qué se le va a hacer?- le dedico una mirada compasiva- He tomado mi decisión. El mundo es grande y quiero conocerlo todo... deberías hacer lo mismo.

Antes de desaparecer siguiendo a su amante, la vampiresa le arrojo un pequeño beso con la mano a modo de despedida.

 

************

 

1766, EN UN CALLEJON DE UNA CIUDAD DE INGLATERRA...

 

-¡¡Ataquen!!- ordeno al grupo de vampiros que le acompañaban.

Gruñendo, todos transformaron sus rostros y cercaron a aquella muchacha, quien de manera desafiante y con una estaca en la mano, se ostentaba el pomposo titulo de “Cazadora”.

-¡Vamos, vengan todos que no les tengo miedo!- dijo la chica, con el semblante grave.

El primer vampiro ataco. Ágilmente, la joven esquivo su arremetida y de un puñetazo, lo tiro en el suelo, procediendo a estaquearlo rápidamente. Fue el turno del segundo... y recibió igual trato.

-¡Dejen de jugar con ella y mátenla!- bufo Frederick, enojado.

Esta vez, los cuatro vampiros que quedaban atacaron todos juntos, al unísono... y al unísono se convirtieron en cenizas, al ser estacados.

 

Solo quedaron Frederick y la muchacha.

 

-Te felicito, Cazadora. Tu fama es bien merecida- dijo el vampiro, aplaudiendo y caminando sobre las cenizas de sus compañeros.

-¡Deja de reír! Tú eres el próximo.

-No... Creo que no.

Adoptando su cara vampirica, Frederick ataco. Atropellando a la Cazadora, arrojo su cuerpo contra la fría y sucia pared de la casucha ubicada a sus espaldas. La chica pareció atontada por espacio de unos segundos... pero luego se recupero.

-No eres muy lista- moviéndose a velocidad sobrehumana, el vampiro le aferró los brazos hacia arriba, reteniéndola y obligándola a soltar su estaca.

-Te quedaste sin tu arma.

-Tengo otros recursos.

¡Zas! Le asesto una patada en la entrepierna. Pero Frederick ni se inmuto. No iba a soltarla.

-¿Eso es todo? Realmente, esperaba más de ti, chiquita.

-¡Maldito demonio!

La Cazadora se revolvió e intento zafarse, pero fue inútil. La fuerza de Frederick era descomunal. Tal y como el Maestro le hubo dicho...

 

“Con el paso de los años, nos volvemos más fuertes”, le recordó decir, “Podemos incluso sostener una gran contienda con una Cazadora sin desfallecer”.

 

Claro que ayudaba mucho que aquella Cazadora llevara poco tiempo siéndolo. Su inexperiencia seria su ruina.

-Lo siento, pero tenemos que acabar rápido, ¿sabes? Al Maestro no le gustan las Cazadoras... y mucho menos, las que quedan con vida.

La mordió. Ella grito y trato de pedir auxilio pero fue en vano. Era tan tarde por la noche que nadie se atrevería a aproximarse a aquel maloliente y oscuro callejón.

Cuando termino, se sintió como poseído por un sentimiento de júbilo impresionante.

Había matado a su primer Cazadora. ¡Su primer Cazadora!

Muy pocos vampiros existían en el mundo que lucharon contra una Cazadora y sobrevivieron, siquiera... y él no solo lo hizo, sino que también la derroto.

-Ha sido excelente- comento el Maestro, surgiendo por un rincón.

-¡Maestro! ¿Ha visto toda la pelea?

-Así es. Eres formidable, Frederick.

-Tenga, para usted- el joven le tendió el cuerpo sin vida de la chica- Todavía queda algo de sangre en ella. Pruébela... es exquisita.

-Gracias por tu ofrecimiento, pero no será necesario. No suelo beber la sangre de las Cazadoras, salvo en ocasiones excepcionales.

-Entiendo.

Durante un largo rato, el Maestro miro a su discípulo con orgullo. Si, no se equivoco al elegirlo.

-Muy pronto, la victoria será nuestra, Frederick- comento, dirigiendo su vista al cielo estrellado sobre ellos.

-¿A que se refiere?

-He estado haciendo investigaciones... Sobre donde se encuentra la “Boca del Infierno”.

La Boca del Infierno. El Maestro le hablo en cierta ocasión de ella.

Un Portal entre dimensiones, hacia el Averno, donde los demonios antiguos esperaban el momento de su liberación. Si alguien lograba abrir dicho umbral, la Tierra entera pasaría a convertirse en el hogar de los demonios... como en el Principio de los Tiempos.

-¿Ya sabe el lugar exacto en donde esta ese Portal?- pregunto, curioso.

-Todavía no, pero lo sabré...- los ojos del vampiro viejo centellearon- Y cuando lo logre...

Su boca se torció en una sonrisa siniestra. Frederick también se entusiasmo.

Si, cuando la Boca del Infierno fuera abierta... las cosas se iban a poner muy, pero muy divertidas.

 

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1860, EN EL INTERIOR DE UN CONVENTO...

 

-Eres mala- le susurro la voz detrás del confesionario.

-¡No!- ella se estremeció.

-¡Si, eres muy mala! ¡Eres una hija de Satán!

-¿Cómo puede... decir eso?

-Por que puedo ver en tu interior... Estas maldita... corrupta... No perteneces a la humanidad.

-¡¡Noo!!

Drusilla salió del confesionario y comenzó a correr por los largos y oscuros pasillos de la iglesia, huyendo.

A Ángelus no le costo mucho esfuerzo darle alcance. Cuando esto sucedió, la abrazo atrayéndola hacia si.

-¡No, no, no!- Drusilla sacudía la cabeza de un lado a otro, negándose.

-¡No puedes negarte a tu destino! ¡Estas maldita!- repitió el vampiro, siempre sonriendo.

-¡Eso no puede ser cierto! ¡Dios, por favor, ayúdame!- suplico, mirando a una enorme cruz colgada cerca de ella.

-Creo que Dios no va poder ayudarte, querida- dijo Ángelus, transfigurando su cara- De hecho, Dios no existe.

Shockeada, Drusilla comenzó a reír tontamente. Ángelus le clavo sus colmillos.

-Eso es. Ahora, serás uno de los nuestros- murmuro, mientras sorbía.

Los ojos de Dru se abrieron de manera descomunal, mirando al vacío. Repentinamente, su vista se cruzo con la de otro sujeto, muy cerca de ellos y a la vez, escondido entre las imágenes de piedra.

-Ayu... dame- suplico.

Desde su posición, Frederick lo vio todo. Algo se revolvió en su interior... un recuerdo de su anterior vida, como mortal.

 

-“Yo también suplique”- pensó- “Yo también pedí por favor”.

 

Cuando Drusilla comenzó lentamente a cerrar sus ojos, Frederick se retiro de aquel sitio en completo silencio.

 

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1880, LONDRES...

 

-¿Viste como le corte la cabeza, nena? ¿A que no fue lo más divertido de la noche?- canturreo entusiasmado el vampiro rubio, tomado de la mano de Drusilla, mientras entraban en el sótano de la vieja casona.

-¡Fue una completa estupidez!- dijo Ángelus, viniendo detrás de ellos, junto a Darla- ¡Eres un insensato, William!

-¡Ey! ¡El nombre es Spike! ¿Es tan difícil recordarlo?- Spike estaba molesto.

-Buenas noches- los saludo Frederick, sentado delante de una mesa y encendiendo una vela.

-¿¡Que haces aquí!?- Ángelus estaba escandalizado y sorprendido- ¿Cómo demonios encontraste nuestra guarida?

-Ángelus, mi querido Ángelus... Los viejos siempre tenemos nuestros recursos- bromeo, poniéndose de pie.

Drusilla lo miro a los ojos... y lo reconoció.

-Es él... el hijo de las Sombras... el favorito del Maestro- susurro, retrocediendo.

-¿Este es el idiota del que me hablaste?- le preguntó Spike a Ángelus- ¿El “noviecito” del Maestro?

-Pero que fastidio... tú debes ser William, el nuevo.

-¡Mi nombre es Spike!

-Un nombre bastante estúpido- se mofo Frederick, cruzándose de brazos- ¿Sabias que quiere decir “Clavo”?

Spike no lo aguanto más. Tomo una silla y se dispuso a partírsela en la cabeza al presuntuoso vampiro. No dio ni dos pasos, que Frederick le hubo asestado un fuerte puñetazo en el estomago, provocándole un tremendo dolor.

-¡Mal... dito...!- Spike soltó la silla y se derrumbo en el piso, sin aire.

-Eso si que fue fácil- se volvió hacia el resto- Hacia tiempo que no los veía, chicos. Veo que les va bien...

-Te han preguntado que haces aquí- le recordó Darla, sin abandonar su posición al lado de Ángelus.

-Oh, bueno... solo andaba paseando por aquí y...

-La verdad.

-Bueno, de acuerdo. Vine por pedido expreso del Maestro. Quiere que todos regresen a casa... con él.

-Olvídalo- Ángelus puso cara de desagrado- Ni en sueños volvemos con ese viejo.

-Piensen en los beneficios...

-No.

-¿Darla?

-Yo...- ella pareció dudar un poco, pero ante la mirada de su novio, trago saliva- ¡Por supuesto que no pienso volver! Estoy muy feliz... con mi Ángelus.

-Adorable- dijo fríamente Frederick y los recuerdos de aquella noche que pasaron juntos volvieron a su cabeza. Con un gesto, los aparto de su memoria y se dirigió hacia los dos que quedaban- ¿Y ustedes?

-Ya oíste al “jefe”, idiota- dijo Spike- Yo no tengo intenciones de perder mi vida al lado de un grupo de inútiles como tú y tu Maestro.

-¿Drusilla? Tú deberías venir...- Frederick se acerco a ella y le acaricio el rostro- Si... encajarías a la perfección con nosotros.

-Oscuridad... maldad... eres el mal- susurro la vampiresa, estremeciéndose.

-¡Ey! ¡Ella esta conmigo!- de un manotazo, el rubio saco la mano de Frederick del rostro de Dru- Y no va a ir a ninguna parte, así que esfúmate de una vez, imbecil.

-¡Pero que modales! Ángelus, deberías enseñarle a tus pupilos a comportarse ante sus mayores.

-Vete de aquí y no vuelvas o la próxima, te matare.

-Ya veo a quien se parece. Muy bien... me voy.

Antes de salir del lugar, se volvió hacia ellos y los miro por última vez.

-Realmente, son una familia tan... patética. Me dan asco, ¿saben? Ya llegara el día en que lamentaran no haber venido conmigo.

-¡Adiós!- lo saludo Spike, burlón- ¡Dale nuestros saludos al viejo calvo!

-Sigan, sigan burlándose... Ya llegara el día.

 

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SUNNYDALE, CALIFORNIA, 1937...

 

Súbitamente, un fuerte temblor se desato.

Todo el tranquilo poblado se estremeció hasta sus cimientos. La gente salió a las calles, aterrada. Sucedía algo anómalo en la manera en que ese movimiento de tierra se estaba produciendo.

En el cielo, unos nubarrones terribles descargaron su furia a modo de un incesante relampagueo. Un  viento huracanado se produjo y los habitantes más religiosos del lugar se congregaron por multitudes en el interior de las iglesias, convencidos de que el Fin del Mundo estaba comenzando.

Ciertamente, así era.

 

Bajo el pueblo, en una profunda y oscura caverna, el Maestro, junto con su discípulo favorito Frederick realizaban el ritual con el cual, la Boca del Infierno por fin podría ser abierta.

Les costo varios años (muchos años) localizar el lugar exacto en donde el Portal transdimensional al Inframundo estaba ubicado, pero cuando lo hicieron, se movieron hasta allí listos para organizarlo todo.

Y el momento era ahora.

-¡Venid a nuestro encuentro!- recitaba a viva voz el Maestro- ¡Antiguos, os conjuramos! ¡Emerged al mundo del hombre! ¡Traed la Destrucción y la Ignominia a vuestras almas!

El negro pozo que era la Boca del Infierno eructo una flama verde. Se produjo otro temblor de tierra y varias rocas se desprendieron del techo de la caverna.

-Vamos, arroja los huesos del niño virgen en el pozo- le indico a Frederick.

El muchacho obedeció y empujo una bolsa hasta el borde del hoyo. Abriéndola, saco una calavera humana y un grupo de huesos y los tiro en el interior.

Ahora, el siguiente temblor fue aun más fuerte que el anterior. Frederick se puso muy nervioso. El lugar entero podría venirse abajo sobre ellos...

-¿Esta seguro de que todo sale como lo planeo, Maestro?- pregunto.

-¡Por supuesto que si! ¡En solo cuestión de segundos, los Antiguos vendrán!

Un olor fétido emergió del pozo. El Maestro lo reconoció como la señal inequívoca de que ellos estaban cerca ya. Continúo con el ritual...

-¡Más allá del Tiempo y del Espacio! ¡Más allá de las Pesadillas y del dolor, ellos están! ¡¡Venid a mi, demonios de épocas remotas!! ¡¡Salid a mi encuentro, Amos del Infierno!!

-Maestro, creo que deberíamos...

Frederick no termino de hablar. Una violenta explosión ocurrió. Toda la cueva se vino abajo.

 

El ritual había fallado. Así como empezó, el temblor termino instantáneamente. De igual forma, las nubes tormentosas sobre Sunnydale se disiparon y el sol salió, dando tranquilidad a aquellos ignorantes humanos que vivían en su superficie.

 

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UN MES MÁS TARDE...

 

-¿¡Como que te vas!?- el Maestro no lo podía creer.

-Si. Me voy- anuncio él, decidido.

No, no lo podía creer.

De pie en la entrada de la cueva iluminada por antorchas, Frederick dejo sin habla a su Señor y creador.

-¡Claro, te vas ahora que las cosas no salieron como deberían haber sido! ¡Ahora que estamos en una mala situación, huyes como un cobarde!

-¡No estoy huyendo! Simplemente, me he cansado...

-¿Cansado?- dijo el Maestro- ¿¿¿Cansado??? ¿Y de que demonios estas cansado?

-¡De todo! ¡Durante años, te he sido fiel! He seguido tus ideales, tus órdenes... por que creí que nos conducirían a la victoria suprema. Ahora, veo que todo fue inútil. Tantos años de mi vida como vampiro se han desperdiciado al estar a tu lado. ¡Basta, se termino! ¡Es hora de que me valga por mi mismo!

El Maestro rió. Era una risa seca, amarga.

-¿Así que el hijo prodigo abandona a su padre? Caray, jamás lo pensé de ti, Frederick.

-¡Tú no eres mi padre! ¡Mi verdadero padre murió hace cientos de años, por tu culpa!

-Vaya, que vocabulario. Sin duda, el “síndrome de Ángelus” es muy contagioso, aunque tarde cientos de años en actuar. Esta bien Frederick, ¿quieres independencia? ¡Vete! Pero antes, quiero que sepas una cosa...

El Maestro se acerco a él. Hubiera deseado querer alcanzarlo con su mano, pero era inútil. Desde el “accidentado” ritual, quedo atrapado entre dimensiones y por ningún motivo, podía abandonar aquella cueva.

Que irónico. Durante muchos años, busco la Boca del Infierno y el día de hoy, ya no podía abandonarla.

-...Nunca, óyeme bien, nunca más pongas un pie en este lugar. Si de casualidad se te ocurre regresar... Bueno, quizás yo no pueda matarte, pero te aseguro que cualquiera de mis otros discípulos lo hará. Tenlo bien presente.

-No se preocupe. Jamás volveré a este sitio.

Se produjo el silencio. Ambos intercambiaron una larga y profunda mirada.

A Frederick le pareció notar un atisbo de melancolía en los ojos del vampiro anciano, pero si esto era así, rápidamente se desvaneció de su semblante.

-Vete.

El joven se dio la media vuelta y salió de la cueva, suspirando. Comenzaba una nueva vida para él... la vida que secretamente, siempre añoro.

 

************

 

1997, EN ALGUN LUGAR DE SUDAMERICA...

 

Mirando por la ventana de su mansión como las luces artificiales bañaban a la ciudad, Frederick asimilo la noticia que, recientemente, uno de sus discípulos le hubo traído directamente desde Norteamérica.

Tomando aire, jugueteó levemente con los pliegues de una cortina hasta que se decidió a volverse, para mirar al vampiro nervioso parado delante suyo.

-¿Me estas diciendo la verdad, no? Si me mientes...

-¡Yo no miento, maestro! ¡Sucedió tal y como te lo he contado!- insistió el vampiro.

-¿Y dices que fue una chica rubia?

-¡Si, la Cazadora! ¡Ella lo hizo!

Frederick trago saliva. Con que una Cazadora, claro.

La noticia que lo tenía sumido en una extraña consternación, era la súbita muerte del Maestro. Aquel vampiro le dijo como fue. Le hablo de la nueva Cazadora que estaba en Sunnydale, desde hace ya algunos meses y de cómo el Maestro intento destruirla. Le hablo de la noche de la Vendimia, del Ungido y de la apertura de la Boca del Infierno y de cómo el Maestro por fin quedo libre de su aprisionamiento. Finalmente, le contó de la lucha final que aquella Cazadora tuvo contra él, y de cómo la perdió, quedando reducido a un mero esqueleto estaqueado.

Su mano se cerró en un puño. Cientos de sentimientos contradictorios cruzaban su interior en aquellos momentos.

Ya habían pasado sesenta años desde que abandono Sunnydale y al Maestro, para independizarse. Sesenta años de cambio, en los cuales, se convirtió en el líder y fundador de su propia secta: “La Garra Negra”.

Ahora, era igual de poderoso como solían serlo los vampiros que lograban vivir por algunos siglos más de lo acostumbrado. Si a eso le sumamos que ha matado a una Cazadora en el pasado...

-¿Qué es... lo que va a hacer ahora, Señor?- pregunto el vampiro, dudoso.

Frederick sonrió.

-Ahora, vamos a darnos una vuelta por Sunnydale... tengo muchas cosas que hacer allá. Muchas cosas...

 

 

   

                                                                                        2ª Parte